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El Viaje por Chichilín PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Administrator   
lunes, 02 de agosto de 2010

 

 DEDICATORIA

 A mis amadísimos padres que siempre supieron darnos todo su amor y quienes nos  enseñarona reconocer la felicidad en las cosas más simples

de la vida.....

      EL  VIAJE     

Hoy he recordado aquellos versos que dicen: “Ven para acá me dijo mi madre cierto día.......” por el parecido con  la pregunta que me hizo mamá hace unos días.  Tú recuerdas  cuando íbamos al río Mensabé?  Pero  hombre,  le dije, cómo no voy a recordar tan gratos momentos ;  momentos aquellos que alimentaron mi alma,  mi cuerpo: todo mi ser !  La vegetación, el paisaje, las personas y todo el conjunto de cosas que allí había. 

 

En ese instante pensé qué interesante  sería narrar todo  cuanto puedo recordar, ahora que todavía estoy a tiempo, porque en mi familia gozamos contando los cuentos relativos a  nuestra falta de memoria que es lo  que nos caracteriza.  Nos reímos  de nuestros olvidos, de nuestras equivocaciones, de todo.  De esta forma buscamos el  equilibrio entre la cordura y la locura?.

Así pues he tomado la decisión de contar , sin tomar en cuenta las reglas de Español , todas las cosas lindas que formaron parte de mi vida en los años  primeros.

En aquella época cuando viajábamos al interior:  o bien  nos íbamos con un señor que le llamaban Negro que tenía una camioneta de pasajeros o nos íbamos con papá cuando tomaba sus vacaciones.  Y cuando nos íbamos con papá teníamos que madrugar porque le gustaba viajar con la “ fresquita”.   Pero aquel viaje era kilométrico,  tomábamos horas! Creo que eran como... ocho horas. Todavía recuerdo que mamá dejaba la mesa para el desayuno lista  la noche anterior para adelantar lo máximo posible y como siempre mi hermano Luchy se salía con una  de sus ocurrencias preguntando por qué no desayunar  esa noche en lugar de hacerlo al día siguiente  en la mañana?Llegado el momento, salíamos  muy de madrugada. Entonces íbamos los seis: papá, mamá y mis tres hermanos: Papín, Luchy, Carlitos y yo.

Después de cierto recorrido llegábamos al Puente de Miraflores. A veces teníamos suerte y encontrábamos paso expedito. Pero otras veces teníamos que esperar la luz que indicaba que el puente ya estaba en posición porque el barco en tránsito ya había pasado al otro lado del puente.     Si no,   usábamos  el  camino  del   Ferry    que  atravesaba el canal, pues entonces no existía el Puente de las Américas.  Eran dos, uno tenía por nombre Presidente Porras y el otro Presidente Roosevelt. Todas esas cosas se han quedado atrás, el ferry ya no existe.... sólo quedaban  en su posición algunos de los pilotes que le  servían de muelle!   Pero entonces no había autopistas, ni siquiera buenas carreteras.    La carretera interamericana estaba en construcción y mucha parte del camino era tierra, otra era piedra y muy poco estaba habilitado.

Cada vez que venía un carro de frente o nos pasaba uno, teníamos  que cerrar los cristales  porque si no lo hacíamos nos llenábamos de polvo . Prosiguiendo con el viaje, teníamos que hacer paradas para comer y  para ir al baño. A veces alguien quería ir al baño y cuando llegaba la oportunidad, nos arrepentíamos por lo deplorable del lugar  y entonces.... a “aguantar” hasta encontrar algo mejor.  

A veces  pasábamos  al Roble de Aguadulce a visitar a la abuelita Celia y a Mama Toya que todavía vivía entonces.  Mamá Toya era una personita pequeña, de cabellos blancos atados con peinetas,  de voz ronca y muy cariñosa. Allí  mientras los mayores se saludaban  y conversaban de cosas de adultos, nosotros  nos entreteníamos llenando  cartuchos y cartuchos de manila  con muchas pepitas de marañón  mientras la brisa silbaba por el campo.

Luego continuábamos el camino...Pasar el  puente del Río Santa María en aquel tiempo  era como pasar el puente de las Américas. A veces cuando mirábamos para atrás se veía la estela de polvo que levantaban los carros cuando pasaban por el camino  de tierra. No quiero ni pensar cómo serían esos caminos en el invierno.! Y cuando llegábamos a los caminos cubiertos de piedras teníamos que aminorar la marcha para evitar que las piedras aboyaran la carrocería ( mi papá siempre fue muy cuidadoso con sus carros).

Después de tanto andar,  llegábamos  en la tardecita, cuando el ya  sol casi se escondía .  En ese momento todo se paralizaba;  todos nos confundíamos en  abrazos, risas y jolgorio y hasta celebrábamos cualquier incidente que hubiera ocurrido durante el viaje!  Luego, a una orden de papá, bajábamos todo el equipaje para acomodarlo en el lugar que ya  se había destinado para nosotros. 

 Autor: Maria Cecilia Fuentes

Modificado el ( domingo, 01 de agosto de 2010 )
 
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